ARENA BLANCA
NO, CANDY NO ES LA CULPABLE
Rafael Martínez
No, que no se confunda: Candy no es culpable de lo que hoy le sucede al PRI.
Candelaria Ayuso Achach entregó la estafeta de la dirigencia del partido a Pedro Flota Alcocer para dedicarse a su candidatura plurinominal a la XVII Legislatura. Y lo hizo de la misma manera en que lo recibió: En agonía, insalvable, al menos para los próximos tres años.
Acusarla de la debacle del PRI en el estado es una monumental injusticia, primero porque el otrora partidazo ya cojeaba desde mucho antes que Ayuso Achach tomara sus riendas en Quintana Roo. Y segundo porque lo mismo que le ocurre al PRI en esta entidad, le sucede a nivel nacional, y en cada uno de los otros 31 estados.
Se necesitaría tener una memoria obnubilada, extremadamente corta o de plano taparse los ojos para hacer señalamientos contra la ahora ex dirigente estatal, y entonces dejar de ver, eximir los excesos, la prepotencia y las torpezas cometidas por gobiernos de extracción priista en el estado y a nivel nacional, durante años, décadas.
Son muchas las aristas que llevan al PRI a la peor crisis de su historia, y Candelaria Ayuso es totalmente ajena a éstas. Poco o nada se podía hacer…
Decíamos de los excesos y las torpezas de gobiernos anteriores, y a esto se le debe sumar la impericia mostrada por el actual dirigente nacional, Alejandro Moreno “Alito”, quien controla el partido con intereses muy particulares, asumiéndose casi como el abanderado en 2024.
Pero aún esto resulta un problema menor.
El verdadero padecimiento del tricolor obedece al hartazgo y la desconfianza de la ciudadanía. Hoy el PRI es el centro de ataques como la corrupción, la desigualdad, la pobreza, la inseguridad, la violencia y un sinnúmero de quejas y señalamientos que se viven en México (sólo faltó el mal paso de la selección de futbol y la bofetada de Will Smith).
Y aunado a ello, se debe sumar el fenómeno electoral en que se ha convertido Morena, de la mano de un presidente como Andrés Manuel López Obrador.
La estrategia populista del actual gobierno mantiene perplejo a un altísimo porcentaje de los mexicanos, a quienes les regala dinero como nunca antes se había visto.
El apoyo de millones de mexicanos al presidente es incondicional y en muchos casos raya en el fanatismo. López Obrador ataca sin empacho a sus “adversarios”, generando un enorme boquete en los partidos de oposición, y mucha gente se la compra entera.
A estas fuerzas políticas las señala como “moralmente derrotadas”. Y los opositores lo asumen, lo aceptan, producto del mutis, del aquel silencio que otorga, sin reacción alguna.
Entonces, a partir de ahí, la debacle no sólo es priista, sino también panista y perredista. Y tampoco aparece sólo en Quintana Roo, es nacional.
Pero otro punto a destacar es la incongruencia, la falta de compromiso y sobre todo las nulas convicciones político-partidistas de tanta gente que utilizó al PRI, que lo exprimió para saciar su hambre de poder, para finalmente saltar del barco en los momentos de crisis.
Ejemplos sobran, pero hablaremos sólo de los casos más recientes:
Rubén Treviño salió en enero 2022, Arleth Mólgora en marzo, Mario Monreal en enero, Paoly Perera en marzo, Francisco Amaro en enero, Berenice Sosa en enero, Susana Hurtado en septiembre 2019.
Otros más: Cristina Alcérreca en diciembre 2021 y Lidia Fabro en septiembre 2019, entre otros que sin renunciar operan para otros partidos como: Gabriela Rodríguez Gálvez (la periférica).
Incluso Víctor Olvera, Alonso Alonzo , José Alberto Alonso, Miriam Gusnaya y más…
Bien decía Charles de Gaulle: “La política es demasiado seria para dejarla en manos de políticos”.
Ojalá aprendieran de la decisión, la entereza y la institucionalidad mostrada por Roberto Madrazo Pintado, quien momentos después del destape de Francisco Labastida en 2000, y cuando se esperaba su renuncia al partido dijo que no saldría del PRI, “porque la lucha se hace desde adentro”.
Y eso es justo lo que necesitaba el tricolor, que todos remaran con fuerza y al mismo tiempo. Que aprendieran a ser oposición… pero no, optaron por lo más fácil: Salir por la puerta trasera.
Ojalá en tres años, cuando termine la gestión de AMLO y Morena se convierta en una cena de negros, los desertores eviten buscar el retorno, el reacomodo en las filas priistas.

