«WARNING»: APATÍA Y LENTITUD HOY CAUSAN GRAVES ESTRAGOS// KILÓMETRO CERO

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KILÓMETRO CERO

Por Rafael Martínez Cristo

 

Sin duda la intención fue buena; sin embargo, bien dicen que “de buenas intenciones, están llenos los panteones”.

Lo cierto es que la reacción del gobernador Carlos Joaquín González para operar con Estados Unidos el escabroso problema de la alerta turística, fue más que tardía, y hoy se pagan las consecuencias con los niveles de ocupación hotelera más bajos en al menos cinco años.

Lo más sencillo sería preguntarse: ¿Quién demonios asesora a Carlos Joaquín en temas turísticos? Pero un gobernador que fue subsecretario federal del ramo y secretario en la entidad, en teoría, no necesitaría de un asesor, porque se trata, hipotéticamente, de un experto en la materia.

Pero hoy vemos que no es así, y Carlos Joaquín midió el problema dos veces mal, ya que primero lo minimizó, argumentando que no se trataba de una alerta, sino sólo que sus ciudadanos tuvieran más cuidado al visitar Quintana Roo, además de señalar que seguramente se trataba de una medida de presión por las negociaciones del TLCAN.

Y no fue hasta casi seis semanas después, ya cuando empezó a “subir el agua”, cuando reaccionó, y de manera urgente y por demás tardía fue a Estados Unidos a tratar de rescatar una temporada ya perdida. Las reservaciones se habían caído dramáticamente.

Dicen que las comparaciones son odiosas, pero lo cierto es que en 2012, luego de que Texas emitiera una alerta a su población para no viajar a México por la violencia, el entonces gobernador, Roberto Borge, de inmediato se dirigió a esa entidad de EU para que se aclare cuáles pueden ser las zonas peligrosas, ya que en este tiempo no había la inseguridad en Quintana Roo que hay en este 2017. Y logró revertir el daño muy a tiempo.

La semana pasada, Carlos Joaquín se dirigió a la Unión Americana de manera desesperada.  Fue a Washington y Nueva York. Se reunió con funcionarios del Departamento de Estado, con mayoristas, con líderes de opinión de aquella nación. Pero el daño estaba consumado, y por ello hoy vuelven las temporadas bajas, regresan los despidos de trabajadores, las vacaciones forzosas; la ocupación hotelera se ubica apenas arriba del 50 por ciento.

Pero además hay que aclarar que poco un nada podía conseguir el gobernador con esta medida de rescate, pues a un paciente no se le puede dar de alta si la enfermedad persiste, y mientras Carlos Joaquín dialogaba cómodamente con las personalidades estadounidenses, en Quintana Roo se seguían reportando ejecuciones, asaltos, violencia, es decir, el mal continúa.

Estados Unidos, principal mercado turístico de Quintana Roo (muy por encima de los demás) no levantará la alerta hasta que los niveles delictivos, los homicidios, hayan disminuido notablemente y sus ciudadanos cuenten con la plena certeza de que en su estancia en Quintana Roo estarán seguros y bien protegidos, como lo estuvieron siempre, hasta hace un año.

Y menos aún retirará el «warning» si sus alertas son subestimadas y se actúa con lentitud.