Rafael Martínez Cristo

Si para la enorme mayoría de la población resulta deleznable, denigrante y hasta una burla a la inteligencia que los políticos salten de la izquierda a la derecha y viceversa, demostrando así una total falta de ideología, de compromiso y de convicciones políticas, traicionando a la gente, a sus partidos y a sí mismos, el hecho de que el gobernador Carlos Joaquín empiece a tomar un color guinda y la alcaldesa (de facto) de Solidaridad, Cristina Gómez, llame al voto para ella y para AMLO, es inaudito, insólito y sin precedentes, por no llamarle de una forma más grotesca.

Y así es, bien dicen que el interés tiene pies, y ambos pretenden colgarse de la popularidad de Andrés Manuel López Obrador para así intentar ganar unos adeptos, luego de que ambos prometieron un cambio que la gente sigue esperando, que a 20 meses de iniciados ambos gobiernos, las promesas nunca llegaron y, por el contrario, lo han hecho a la inversa, generando enfado y decepción.

El oportunismo político mostrado por aquel que optó por renunciar al PRI para aliarse (sin militancia) al PAN y PRD de manera caprichosa, a fin de ganar la gubernatura con base en el voto de castigo contra Roberto Borge, hoy cobra más fuerza, al fungir ahora como tapetito para quien está arriba en las preferencias rumbo a la Presidencia de la República, olvidándose que éste lo acusó de ratero cuando él buscaba la gubernatura.

Claro está que lo mismo hace su tubérculo de Solidaridad, Cristina Gómez, quien tras promover el voto a favor de Roberto Borge, hace ya siete años, optó por apoyar a Carlos Joaquín, producto de su ofrecimiento a algo que jamás soñó: La Presidencia Municipal de Solidaridad bajo las siglas del PAN-PRD.

El colmo radica en que ambos pretenden sacar raja y treparse sin boleto al tren de Andrés Manuel López Obrador, sí, del mismo que hace dos años dijo: “Mauricio Góngora del PRI y Carlos Joaquín del PAN-PRD, uno es ladrón y el otro es ratero”.

Y mientras que el gobernador pretende obsequiar a AMLO el municipio de Benito Juárez en charola de plata, apoyando hasta la ignominia a la candidata de Morena, Mara Lezama, e invitando a quien sería el próximo secretario de Turismo, Miguel Torruco, para levantarle la mano a la mencionada aspirante morenista y (of course) tomarse la foto con él, la presidenta municipal de facto en Solidaridad y hoy candidata a la reelección, poco le importa el absurdo y vestida del PAN-PRD pide a la gente el voto para ella y para…¡López Obrador!

Perdón por el exabrupto, pero esto irremediablemente me recuerda a la niñita de las redes sociales que con una graciosa cara de sorpresa, expresa: “O sea…¡Qué pedo!

Lo peor del caso es que López Obrador quizá ni enterado está. Nadie los ha invitado y lo peor es que tal vez ni siquiera aceptaría.

Por supuesto que aquí entran varias incógnitas: ¿Qué dirá el candidato del PAN-PRD, Ricardo Anaya (Ricky, Riquín, Canallín) de esto? y peor aún ¿Qué pasará con Quintana Roo si Anaya logra remontar?

Parece que tratan desesperadamente de quedar bien, producto de algún temor, de que algo vaya a salir a la luz una vez que queden descobijados.

Lo que sí queda perfectamente claro es que estos dos no comulgan, para nada, con el proyecto de AMLO y sólo quieren colgarse, sin boleto.